Dado que no tenemos coche este fin de semana, planificamos los dos días con transporte público, bastante sencillo por cierto. Hoy sábado metro para llegar al centro y el típico tranvía para llegar a los lugares más pintorescos, y mañana tren hasta Sintra.
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Parada obligada en la pastelería más famosa de Lisboa para probar los "pastéis de Belém" y llevarnos una cajita de este típico dulce . Exquisito, casi que el viaje merece la pena por probarlos.
El monasterio de los Jerónimos de estilo manuelino es una auténtica joya. Tanto su fachada como el claustro son impresionantes. Otro lugar donde hay que recurrir al tópico de "una imagen vale más que mil palabras".
Por cierto, fue el cocinero del monasterio tras quedarse en paro el que se llevó la receta de los pasteles.
Si te asomas por la venta de la primera planta verás una curiosa cabeza de rinoceronte con mucha historia. Casi 30 minutos de caminata.
Situada en una posición estratégica en la desembocadura del Duero, la Torre de Belém es una parada curiosa.
Volvemos al monasterio para coger nuevamente el tranvía pero esta vez paseando por la orilla del Duero. Curiosa la casa rosa, residencia del presidente de la República.
De regreso a la Plaza del Comercio , punto principal de encuentro en Lisboa, vamos caminando hacia donde nos encontramos con la Casa dos Picos, aunque más que ella, choca el ver las sábanas tendidas en la casa contigua.
Para comer, habíamos pensado en la cervecería Trindade en Rua Nova da Trindade así que tomamos un tranvía hasta allí. No me decepcionó. Un poco turística pero al fin y al cabo eso es lo que estamos haciendo, turismo. Deliciosa cerveza, creo que se llamaba Bohemia, y un arroz caldoso bastante bueno. El local también tiene su encanto y está en un punto estratégico de Lisboa con lo que fue fácil encajarlo en el plan del día.
Aprovechamos que estamos cerca y tomamos el Elevador de Santa Justa, diseñado por Eiffel y que el barrio Alto y el Baixo.
Toca subir al castillo de San Jorge, cogemos de nuevo la famosa línea 28 del tranvía y subimos hasta el castillo. Qué decir de las vistas, es como tocar los tejados de las casas lisboetas.
Este no es un viaje para compras, pero en un de los puestos del castillo, compramos una simpático dibujo del tranvía.
Todo lo que sube baja, y así decidimos bajar caminando ...
Para la cena, seguimos los consejos de un compañero portugués y nos vamos a un restaurante cercano al hotel. Cómo no, el bacalao no puede faltar en ella. Nunca había visto tantas formas de preparar un pescado como los portuguesés el "bacalhau". ¡Delicioso!.
Algunas páginas:
http://www.voyalisboa.com/
http://www.viatgeaddictes.com/dst/portugal/exp1_portugal.php
Wiki Lisboa
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