Desayuno en Bravo, un poco carillo (2500 Y) para lo que es la media. Ya que íbamos con tiempo de sobra intentamos cambiar la hora del tren. Sin problemas, podemos salir en 5 minutos.
Momento perfecto para escribir las primeras entradas del blog y preparar las rutas por Kioto.
Impresionante la estación de Kioto, más bien centro comercial donde, "de vez en cuando" llegan trenes. La primera parada es la oficina de turismo donde nuevamente cuesta lo suyo comunicarse en inglés. Con la festividad todos los puestos están ocupados y aunque anuncien "English" no es tan cierto. Buena noticia, hoy debido al día festivo, existe un recorrido iluminado que cruza Gion y la mayoría de los templos están abiertos hasta las nueve.
Compramos el pase de un día para bus y metro pues Kioto es más complicado de recorrer que Tokio requiriendo combinar diferentes medios de transporte públicos.
Toca descalzarse para recorrer el pabellón -¡que frío!, se nos han olvidado los calcetines gordos-, donde un millar de esculturas de tamaño humano escoltan las 33 divinidades. En el centro, una escultura de Kannon con mil brazos del siglo XII. Los casi quince minutos que toma recorrer el corredor dan fe de que es el pabellón japonés de madera más largo. En el jardín, algunos cerezos ya en flor, contrastan con el brillante naranja de las puertas y estructuras de madera. Buen comienzo en Kioto.
El Castillo de Nijo con sus sonoros suelos para advertir la presencia de intrusos es un buen ejemplo del poder y riqueza de los sogunes. Riqueza visible en sus interiores exquisitamente pintados y en su jardín meticulosamente cuidado.
El paseo nocturno iluminado es la primera grata sorpresa del viaje. Son unos cinco kilómetros por uno de los distritos más singulares de Kioto, Higashiyama, con sus tiendas y templos abiertos hasta las 21. La luz y la gente crean un ambiente irrepetible para recorrer esta zona. Entramos en el templo Chion-in, donde la colorida iluminación de su puerta no pasa desapercibida en medio de un precioso, y a estas horas casi tenebroso, jardín japonés. El paseo continúa con una sucesión de pequeñas y coquetas calles, puestos callejeros ofreciendo comida y donde los reyes son templos o santuarios como Yasaka o la pagoda de Kiyomizu-yaki que asoma sobre los tejados de las casitas de madera.En un día festivo como hoy, alegra la vista encontrarse gente ataviada con el tradicional kimono, especialmente mujeres que transmiten una gran elegancia. Es una pena que se vayan perdiendo estas tradiciones.
Cena a la italiana al lado del hotel , con pizza y una cerveza japonesa. Delicioso el tiramisú. Por cierto, cena para dos con primero y postre 3500Y, o mucho hemos subido nuestra renta o Japón no es tan caro.
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